Leonardo Da Vinci y una lección que es aplicable hoy en día en negocios y profesiones
Leonardo llegó a Roma en 1513, con unos 61 años. El contexto parecía inmejorable: Giovanni de' Medici acababa de convertirse en el papa León X y su hermano, Giuliano de' Medici, protegía a Leonardo. Le dieron alojamiento y taller en el Belvedere del Vaticano. Permaneció allí aproximadamente hasta 1516.
Pero había un problema: Roma tenía talento de sobra y Leonardo no ocupaba el centro del sistema (debía compartir escenario con, entre otros, Miguel Ángel y Rafael).
En marzo de 1516 murió Giuliano de' Medici. Leonardo perdió así al hombre que sostenía institucionalmente su posición. Poco después aceptó la invitación de Francisco I de Francia y se trasladó a Francia. Allí pasó los últimos años de su vida cerca de Amboise, con reconocimiento y libertad considerables.
Primera lección: ser extraordinario no significa ser indispensable
El Vaticano necesitaba enormes programas arquitectónicos, escultóricos y pictóricos. Rafael tenía una organización productiva formidable; Miguel Ángel podía ejecutar encargos monumentales. Leonardo era excepcionalmente interdisciplinario, experimental y exploratorio.
Desde la perspectiva moderna podríamos decir que había cierto desajuste entre el perfil del talento y el problema que la organización quería resolver.
Segunda Lección: no alcanza con tener un sponsor
Mientras Giuliano estaba presente, Leonardo tenía alojamiento, recursos y posición.
Cuando Giuliano murió, esa protección se debilitó enormemente.
Una persona puede creer que "la empresa la valora", cuando en realidad una persona poderosa dentro de la empresa la valora.
No es lo mismo.
Tercera Lección: el entorno puede convertir una fortaleza en una rareza
Leonardo tenía una característica excepcional: no separaba fácilmente arte, ingeniería, anatomía, óptica, hidráulica y geometría.
Pero las organizaciones tienen categorías.
"¿Es pintor?, es ingeniero?, es arquitecto?, es anatomista?"
Leonardo era todas esas cosas.
Eso produce una paradoja que todavía existe: cuanto más singular es un perfil, más difícil puede resultar para una organización convencional saber dónde colocarlo.
Cuarta lección: la política organizacional puede neutralizar capacidad técnica
En las organizaciones reales existen al menos dos capitales diferentes:
Capital de competencia: "esta persona sabe muchísimo".
Capital organizacional: "esta persona tiene aliados, legitimidad y capacidad para conseguir que las cosas ocurran".
Leonardo tenía cantidades extraordinarias del primero. En Roma, su segundo capital era bastante más frágil.
Quinta lección: irse no necesariamente significa fracasar
Francisco I le ofreció una posición mucho más compatible con quien Leonardo era: no simplemente un pintor al que había que exigirle un cuadro determinado, sino una especie de sabio, ingeniero, artista y consejero de corte.
Se trasladó a Francia en 1516 y allí pasó sus últimos años.
Enseñanza: no confundas prestigio del lugar con calidad de oportunidad.
Conclusión
Roma reconocía perfectamente que Leonardo era extraordinario, pero no consiguió, o no necesitó, organizarse alrededor de aquello en lo que Leonardo era extraordinario.
La señal decisiva no es cuánto te elogian, sino cuánto de tu capacidad potencial se convierte realmente en trabajo significativo.
Y Leonardo ofrece una última lección especialmente poderosa: a los 64 años aproximadamente cambió de país y de empleador. No intentó ganar eternamente la batalla por obtener un lugar central en Roma.
Pateó el tablero.
A veces el mayor acto de ambición profesional no consiste en conseguir que finalmente te valoren donde estás, sino en encontrar el lugar donde aquello que sabes hacer ya tiene valor.
